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MÍRANOS Y ÚNETE

BLOG EDUCATIVO: NUESTRA AULA (COSAS QUE PASAN EN UN DESPACHO DE PAZ Y JUSTICIA)

  • 22 ago 2018
  • 2 Min. de lectura

Decía yo: “en los próximos días contaré alguna anécdota que se haya dado en nuestro Despacho de Paz y Justicia para ilustrar de manera más clara el uso y finalidad de este rincón de nuestra aula”… ¿Cómo es posible que veinte días pasen tan rápido como tres y medio? En fin, a ello vamos. Mis disculpas por mi falta de seriedad en período vacacional.


Comienzo con Paula y Alicia, así como por azar, porque sucede lo mismo con unas cuantas miembros más de la Tribu. Despiertan en mí verdadera fascinación aquellas parejas de niñas (somos protagonistas en número las féminas, catorce frente a tres) que fluctúan como la vida misma entre la polaridad de opuestos, la unión y el rechazo, el amor y el odio, la atracción más primaria y la aversión más visceral. Cada vez que las observo en acción en este “Despacho” compruebo cuánto de útiles y valiosas pueden ser ciertas herramientas básicas puestas a su disposición, apropiadas para solucionar aquello que las separa, que las distancia y que provoca en ellas sufrimiento por no poder estar en paz consigo mismas estando en conflicto con su semejante, con su compañera, su “amiga del alma”.

Cuántas veces se ha dado en el curso… Llegan con su excitación del recreo y me suplican acceder al Sofá Reconciliador urgentemente para hablar sobre un problema que han tenido que las mantiene superenfadadas. Sus rostros serios y apesadumbrados así me lo confirman. Es conmovedor ver de reojo desde el fondo del aula cómo dicha inquietud interna se va amainando y finalmente se disuelve por completo en un abrazo eterno que les ilumina los ojos.


Para preocupaciones similares pero algo más personales e individuales las favoritas son las Palabritas de Ánimo o las Píldoras Valiosas. En medio del jaleo de la jornada, cuando todos están ensimismados atendiendo a sus tareas, que se me acerque Daniela o Marta, por mencionar a otras dos al azar, y me pregunten bajito al oído si pueden surtirse de una porque tienen mal cuerpo o están desanimadas o sienten que la mañana no está siendo todo lo alegre que pudiera ser… ¡Benditos inventos! Les cambia la expresión cuando arrancan el papelito de nuestro dispensador con los ojos cerrados, leen la frase que les ha tocado, y vuelven a sus sitios con una media sonrisa orgullosa de lado, dispuestas a pegarlo en sus agendas personales o doblarlo en un bolsillo de su mochila cual tesoro recién descubierto.



Abrir el frasco de las píldoras que ellos mismos han rellenado con mensajes reconfortantes y de refuerzo positivo es incluso más satisfactorio, porque saben que alguien de esa misma clase ha puesto su corazón en expresar ese pensamiento que ahora hace su función reconstruyendo por dentro otro corazón.

En fin, contaría anécdotas de cien en cien, pero aquí lo dejo para centrarme ya en el siguiente artículo dedicado a otro espacio. Muy chulo y funcional también… ¡Ni más ni menos que un spa! ¡Hasta la vuelta!

 
 
 

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