BLOG EDUCATIVO: ¿CASTIGOS?
- 8 nov 2017
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Desconfío de su efectividad, sobre todo cuando es un recurso muy utilizado, pues al final el niño que es castigado continuamente se acostumbra o simplemente se resigna. He visto a niños irse al “rincón de pensar” por propia iniciativa sabiendo que acaban de actuar de forma no del todo correcta.
A veces es difícil explicar o más bien entender que es lo que nosotros, los adultos, tomamos como conducta correcta para nuestros alumnos/hijos y hacérselas llegar de forma clara. A menudo el niño no entiende por qué está siendo regañado, por lo tanto no comprende el castigo y si no lo comprende jamás podrá corregirlo.
En el escrito de hoy, quiero unir esto con la participación del resto de la clase en la toma de decisiones en este caso. En el papel de los demás alumnos en el castigo (o no) sobre otro compañero. Es un caso real que ha sucedido hace poco en mi clase y tratándolo junto con los padres, hemos encontrado una solución rápida y eficaz.
“Le he pegado pero le he pedido/ dicho perdón”
Esa frase es un recurso muy utilizado no solo en clase sino en todo el patio de infantil. Y muchos de los niños se toman esa frase como un salvoconducto que les da inmunidad. He escuchado a niños “pedir perdón” unas cinco veces al día y también he visto cinco manos marcadas de esos mismos niños en caras ajenas, pero como he pedido perdón no pasa nada por repartir bofetadas. Por no hablar del niño que recibe la bofetada que tiene que aguantar que encima le bese su “agresor”.
En clase somos democráticos a la hora de elegir actividad, juguetes etc… charlamos de todo, y todo intentamos solucionarlo entre todos, así que los temas generales se exponen en nuestra asamblea y cuando las cosas están bien públicamente se le dice “Pepito muy bien” (y debatimos entre todos el porqué de que Pepito se ganara ese reconocimiento público) pero cuando las cosas van mal obviamente también se dice y entre todos buscamos una solución o una “justa condena”... Todos estos actos públicos de reconocimiento o rechazo no son para alimentar egos o destruirlos sino para que todos aprendamos de los aciertos y más importante aún, para que todos aprendamos de los errores propios y ajenos.
Bien, digamos que ese niño, al cual el profe ha visto con sus propios ojos que ha “agredido” a otro, es juzgado por los demás compañeros de clase. A este niño que ha tenido la posibilidad de defenderse y de entender por qué está siendo “juzgado” (…y considerando que todo este “teatro de juzgado de guardia” haya servido para que aprendamos algo), por fin, se le aplica la condena/castigo... o no
Hasta ahora estoy hablando de casos digamos algo más extremos, de algún niño/a que por los motivos que sean (que eso sería otro debate entre profe-familia) decide “vivir en libertad” (cosa que me parece genial pero tu libertad acaba donde empieza la de los demás) por lo tanto si vives fuera de la ley y no aceptas las obligaciones comunes tampoco esperes tener los beneficios comunes ya sea jugar, sentarte donde quieras o recibir regalos de cumpleaños (regalo por cierto que posiblemente recibas al día siguiente).
Para el resto de “delitos menores” ni se le presta atención (entiéndeme con eso de que no se le presta atención), es más, intenta solucionarlo tú con ese chico y esto te servirá una vez más, para aprender. Para gestionar tus emociones, tu empatía.
Por otro lado la casa es la casa y la escuela es la escuela y aunque deberíamos ir de la mano obviamente cada cual es de su padre y de su madre, así que en casa me parece genial lo que hagan, pero yo no voy a defender o a justificar un comportamiento y mucho menos una “agresión física”. Me refiero a la famosa frase “si te pegan le pegas”, “si te pegan defiéndete”. La segunda me parece más acertada, por eso estudiamos a Rigoberta Menchú para aprender a defendernos pero sin usar la violencia.
CASTIGO. No, yo no castigo, los niños en comunidad debaten sobre el tema en cuestión y ellos dan soluciones y formas de enmendar lo ocurrido. Yo solo me siento en mi mesa y escucho lo que mis alumnos están aprendiendo en ese momento: Los unos a juzgar con justicia, equidad y proporcionalidad y el otro a saber que todo acto tiene consecuencias. Los actos positivos tienen consecuencias positivas y así se lo hago saber a todos cuando les pinto la cara o nos disfrazamos... de tal modo que con los negativos pierden ese tipo de privilegios. Y no es una humillación pública o un halago público sino que se trata de conocer lo ocurrido en clase para aprender de ello ya sea imitando buenas conductas o despreciando y solucionando las menos buenas.
Por último, jamás deseo que un alumno lo pase mal emocionalmente en mi clase, si eso buscara no podría llevar la palabra maestro en mi currículo
pero sí que es fundamental dar una de cal y otra de arena. Si la proporción entre cariño, halagos, juegos... no está equilibrada con “niño para ya de una vez y recoge” pues eso x25 resultado = te comen, te amargas, deja de gustarte y dejas de ponerle interés. Así que Raúl estos días no me está prestando atención, no me choca los cinco al entrar, no me dice lo guapo que soy... pues por algo será. Y Raúl habla con ese niño/a para que sepa por qué no está recibiendo mi atención y le deja la puerta abierta para que ese mismo niño sea el que piense como puede volver a recuperar dicha atención que siempre ha tenido y los demás sí que tienen. De nuevo eso se llama aprender.

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